En 1923, el conocido inventor español Juan de la Cierva realizó el primer vuelo exitoso de una aeronave completamente nueva: el autogiro. Este evento marcó un hito en la historia de la aviación y desató un auge en la construcción de autogiros en todo el mundo.
El pico de este auge se produjo en la década de 1930, dando lugar a una multitud de máquinas fascinantes. En este contexto, presentamos un proyecto de ingenieros franceses que buscaron crear su propio autogiro, basándose en la experiencia de la construcción de aviones.
El Origen del Clinogyre
En 1930, dos ingenieros franceses, Antoine Odier y Gustave Bessière, fundaron la empresa Ecole Spéciale des Travaux Aéronautiques con el propósito de desarrollar sus propios autogiros. Un año después, anunciaron el proyecto Clinogyre, una aeronave cuya estructura se situaba a medio camino entre un avión convencional y un autogiro.
Para simplificar y acelerar el desarrollo, los diseñadores decidieron tomar como base un avión probado de configuración adecuada. La elección recayó en el Caudron C.193, un monoplano deportivo ligero que había demostrado un excelente rendimiento en las competiciones aéreas Challenge International de Tourisme en 1928-29. Odier y Bessière adquirieron dos C.193, con matrículas F-AJSH y F-AJSJ, y comenzaron su trabajo.
Diseño y Pruebas Innovadoras
El avión original fue complementado con dos rotores coaxiales bipala de 6 metros de diámetro. A diferencia del autogiro de la Cierva, las palas del Clinogyre no estaban equipadas con plato cíclico, aunque sí estaban inclinadas en un pequeño ángulo. En todo lo demás, la estructura permaneció sin grandes cambios. De hecho, esta configuración convertía al monoplano en un biplano, donde el rotor principal actuaba como una segunda ala.
Incluso el nombre «Clinogyre» fue elegido específicamente para enfatizar que el aparato se diferenciaba de los autogiros clásicos. Odier y Bessière prestaron gran atención a las pruebas previas al vuelo. Las pruebas en tierra comenzaron incluso antes de la construcción de los primeros prototipos, utilizando modelos a escala del Clinogyre. Para ello, se construyó un carro especial eléctrico capaz de alcanzar los 128 km/h sobre raíles, equipado con diversos instrumentos de medición y espacio para un observador.
Posteriormente, este banco de pruebas sirvió para «volar» el primer prototipo del Clinogyre. Las pruebas de vuelo se iniciaron en 1932. Los meticulosos experimentos en tierra dieron sus frutos, ya que la nueva aeronave no presentó ningún problema a los pilotos de prueba. El hecho de que se basara en un avión también jugó un papel importante, ya que los cambios en el diseño no afectaron significativamente sus buenas capacidades de vuelo.
Rendimiento y Legado
El Clinogyre voló con gran éxito: su velocidad máxima se redujo ligeramente en comparación con los 193 km/h del Caudron C.193 original, pero su velocidad mínima disminuyó considerablemente. Esto tuvo un impacto positivo en las características de despegue y aterrizaje, permitiendo que la aeronave despegara y aterrizara a 40 km/h y con un ángulo de 45°.
A pesar del éxito evidente del proyecto, el Clinogyre no interesó a los militares. Carecía de la capacidad de despegue vertical que poseían los autogiros con un rotor principal motorizado adicional, lo que habría complicado la estructura y aumentado el peso del aparato. La idea de Odier y Bessière de que su rotor pudiera instalarse en cualquier monoplano de ala baja tampoco encontró apoyo. Es una lástima, ya que el Clinogyre fue, de hecho, una de las primeras aeronaves de despegue y aterrizaje corto (STOL).
Especificaciones Técnicas
| Modificación | Clinogyre |
| Diámetro del rotor principal, m | 6.00 |
| Envergadura, m | 11.50 |
| Longitud, m | 7. 48 |
| Superficie alar, m2 | 13.85 |
| Peso normal al despegue | 800 |
| Tipo de motor | 1 Motor de pistón Renault 4Pb |
| Potencia, hp | 1 х 95 |
| Velocidad máxima, km/h | 180 |
| Tripulación, tripulantes | 2 |












